El embarazo es una etapa en las que se cumplen unas necesidades nutricionales específicas, que cubran las necesidades de la madre y del feto.

Se producirán cambios, tanto a nivel físico como bioquímico; lo normal y más recomendable es aumentar entre 10 y 13 kilos, aunque siempre dependerá de cada mujer y de su estado.

Entre las alteraciones habituales que se dan en el embarazo destacan: el estreñimiento, nauseas, mareos, hipertensión, además se ralentiza el tránsito intestinal y se producen cambios en el sistema renal.

En cuanto a las necesidades nutricionales, varían  no sólo en cantidad, sino en calidad; es por ello que se necesitan proteínas de alta calidad biológica, que variarán según la etapa del embarazo y que son necesarios para el desarrollo de la placenta y los tejidos maternos.

No se deben de olvidar los ácidos grasos esenciales -especialmente omega 3-, necesarios para un correcto desarrollo cerebral del feto.

Se deberá de aumentar los carbohidratos complejos y reducir en lo posible los carbohidratos simples.

De igual forma para preservar el desarrollo del feto, se deberán de aumentar las necesidades de algunas vitaminas, incluso suplementar mediante complejos vitamínicos, como es el caso del ácido fólico, que ayudará a evitar el aborto espontáneo, malformaciones, partos prematuros o bajo peso en el momento del nacimiento.

El ácido fólico está presente en los vegetales de hoja verde, frutos secos, legumbres como los garbanzos y suplementos naturales, como la levadura de cerveza.

Es importante la suplementación de vitamina B6, para tratar los vómitos y la hipertensión y se puede encontrar en frutos secos, cereales, legumbres, proteína animal, germen de trigo y levadura de cerveza, y de vitamina C, para evitar en lo posible, la rotura de las membranas amnióticas. Se deben de incluir en la dieta: verduras de hoja verde, frutas, pimientos y germinados.

No hay que olvidar unos suplementos adecuados de vitamina D, especialmente en mujeres vegetarianas, además de incluir en la dieta habitual: pescado de agua salada, leches ecológicas, yema de huevo y mantequillas de origen ecológico, no hidrogenadas.

Hay que considerar, que éstas son unas consideraciones generales; lo ideal para cada mujer embarazada, es realizar un seguimiento adecuado  a través de su médico, el cual le realizará un plan personalizado e individual, teniendo en cuenta todos los elementos.

 

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