Se considera que un bebé tiene fiebre cuando su temperatura tomada en la axila es mayor a 38ºC. No obstante, por precaución, en los menores de 3 meses, debemos acudir al pediatra en el momento que empecemos a notar que aumenta la temperatura del bebé, aunque esta no alcance  los 38ºC.

La causa más frecuente de la aparición de fiebre es la presencia de una infección, sin embargo, en bebés pequeños, puede deberse a una deshidratación, por insolación, o por algún medicamento. Algún tipo de vacuna también puede provocarles una subida de  fiebre como reacción. La  aparición de algún diente, en contra de la creencia popular, no suele provocar fiebre, sino malestar general.

Cuando nuestro bebé tiene fiebre, debemos evitar abrigarlo, ofrecerle líquido y darle un baño con agua templada durante cinco minutos.

Si a pesar de todo esto, la fiebre persiste, es conveniente acudir al pediatra por si considera pertinente la administración de antitérmico (paracetamol) según el peso del bebé.

Cuando el niño presenta fiebre, puede existir una complicación: las convulsiones febriles. Suele afectar a niños menores de 5 años. Suele asustar mucho a las madres, porque cursa con temblores bruscos e  incontinencia, pero no se trata de epilepsia. Tumbe a su hijo de lado en un lugar seguro y llame de inmediato al médico.

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