No hay nada más emocionante que volver a casa después del parto. Estamos deseando estrenar todo aquello que llevamos meses preparando.

Nuestra estancia en el centro médico nos ha  proporcionado  tranquilidad y seguridad, así como momentos de descanso y relax.

No tenías que dedicarte a la limpieza de la casa, a cocinar o a cuidar del resto de miembros de la familia. Con la vuelta a casa, es normal que la alegría por el nacimiento del nuevo bebé se vea empañada  por las nuevas obligaciones que te esperan.

Es imprescindible que afrontes esta situación con optimismo y positividad. En pocos días, habrás conseguido establecer una rutina y todo será más llevadero. Debes ser flexible contigo misma, no exigiéndote demasiado, posponiendo tareas secundarias y dando prioridad al descanso tuyo y del bebé. Por ejemplo, los primeros días, el bebé no distingue del día y la noche, y se despertará muy a menudo, por lo que la madre debe intentar descansar en los momentos en los que el bebé esté dormido. No pasará nada porque la familia coma durante un mes con platos y cubiertos de plásticos.

Recuerda, que lo verdaderamente importante es tener un buen equilibrio anímico. Piensa que no resultará  fácil en los primeros días porque aún no conoces las reacciones del bebé, pero poco a poco descubrirás que nada es tan complicado como parecía inicialmente y vivirás con más tranquilidad. Ese llanto de tu hijo  que tanto te angustiaba  al principio, se convertirá en su forma de comunicarse contigo, y no habrá motivos para estar preocupada.

Si lo consideras imprescindible, puedes solicitar ayuda a la familia, si  es que esto te hace sentir más segura. En ocasiones, algunas madres recientes se sienten incómodas y presionadas con la presencia de abuelas en la casa, y prefieren estar solas. Es una decisión que sólo tú debes tomar y explicarla abiertamente sin que nadie deba sentirse molesto por ello.

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