Con sentimientos muy discordantes.

Habrás imaginado mil veces como sería la cara de tu hijo, como sería la sensación de mantenerlo en tus brazos, su olor, el amor tan inmenso que sentirías por él. Sin embargo, ahora que ha finalizado la dulce espera, tienes sentimientos contradictorios. Resulta ser un perfecto desconocido que no sólo te roba todo tu tiempo, sino que además te ha dejado con una figura totalmente imperfecta. No te presiones, el amor incondicional  que sentirás por tu hijo no aparece de la noche a mañana. No pienses en que no serás buena madre, y que no querrás a tu hijo tal y como crees que te adora tu madre. Ese sentimiento llegará, no lo busques, irá creciendo día a día.

Cansada físicamente.

Nadie cuestiona el trabajo extenuante que supone un parto. Siempre hemos escuchado que no hay nada más doloroso que las contracciones de un parto. Hay quien considera que es mucho mejor programar directamente una cesárea para evitar tal esfuerzo físico. No obstante, la recuperación de una intervención como la cesárea también te hará sentirse mermada  de energía física. Sea como fuere el proceso del parto, cuando llegues a casa con el bebé, estarás agotada físicamente y psicológicamente. Toma fuerzas, que las necesitarás.

Desviada del centro de atención.

Durante nueve meses has sido el centro de atención de tu familia y tu  pareja. Cada día se han por tu estado, por ayudarte en todo cuanto podían y tenías todo el  tiempo del mundo para disfrutar de tu estado. Te sentías un milagro de la naturaleza por ser capaz de general vida. Ahora que tu bebé ha nacido, todo ha cambiado. Nadie preguntará por ti sino por el bebé. No se preocuparán por ayudarte en nada relativo a ti, sino referente al bebé. Todo esto unido al desequilibrio hormonal, al esfuerzo físico del parto, hará que te tomes mucho peor la idea de haberte convertido en madre. No dudes en explicar como te sientes, solicita cariño, y los demás estarán encantados de ofrecértelo.

 

Estresada.

La maternidad exige esfuerzos aplastantes, más aún si tienes otros hijos y debes ocuparte del bebé y de llevar la difícil rutina diaria de tener hijos. Es normal que termines explotando, perdiendo el sentido del humor y la perspectiva adecuada de la nueva situación. Debemos sacar fuera la tensión acumulada, por el bien de todos los miembros de la familia.

 

Insegura.

Es normal sentir cierta inseguridad si eres madre primeriza. Te planteas miles de cuestiones en relación a si lo que le ocurre a tu bebé es normal: ¿se le debería haber caído el cordón umbilical? ¿Está comiendo bien? ¿Por qué no pone mucho peso? Todo son inseguridades. Es normal pensar que este ser tan diminuto y  extremadamente sensible no sobreviviría a un error nuestro. No te precipites en tomar decisiones, pregunta a los expertos (que para eso están) y disfruta de tu papel de madre.

 

Deprimida.

Es totalmente normal que los primeros días después del parto sientas temor, angustia, ganas de llorar, etc . No te asustes, se trata de un proceso totalmente esperado llamado Maternity blues y que tiene su base en el desajuste hormonal. No se trata por tanto de la tan temida depresión postparto, que consiste en una enfermedad más grave, que tiene más durabilidad temporal y que requiere tratamiento psicológico.

 

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