En recién nacidos es muy difícil darse cuenta de si ven bien o si tendrás problemas de visión graves, dado que aún tienen muy inmaduro el sentido de la vista. El pediatra puede determinar en la primera exploración de tu hijo, la integridad anatómica de sus ojos, el reflejo de sus pupilas y si existe alguna lesión congénita en sus ojos. En un principio, lo único que se podrá saber es si tiene una respuesta adecuada a la luz. Que será determinante para conocer si padece algún trastorno grave de visión.

A medida que pasan los días, aproximadamente a las 6 semanas será mucho más fácil comprobar si consigue fijar su mirada en un objeto y si sigue el movimiento con los ojos. Será capaz de ver bien los objetos y a las personas en su campo de visión, además de sonreírles, por lo que si notamos que muestra diferencia en el reconocimiento de personas o si tiene intención de recoger objetos pequeños, podremos deducir que no tiene problemas de visión.

Cuando se trata de niños más mayores, podemos fijarnos en si parpadea mucho. Esto puede ser un indicativo claro de que debemos llevar a nuestro hijo al  pediatra para valorarlo. También, si le lloran los ojos a menudo, o si no para de frotárselos.

Será fácil determinar si tu hijo tiene casi los cuatro años ya que se acercará mucho a los libros y cuadernos o se sale al colorear o porque directamente nos dirá que no pueden ver bien.

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